martes, 17 de febrero de 2009

En esta primavera apenas tibia...

Noviembre, en esta primavera apenas tibia de Concepción, en la llamada entonces "Alameda" los niños del colegio: "Charles de Gaulle", una vez más en este día 11 se encuentran formados en el más absoluto silencio, al frente, en el monumento, se turnan voces roncas, una que va leyendo un nombre y otra que contesta: "Mort pour la France". Nunca , en todo el año, suenan tan profundas nuestras voces infantiles al cantar la Marseillaise, nunca nos sentimos tan partes de algo que no logramos entender a cabalidad, algo que se nos hace concreto al ver a nuestros maestros franceses intentando ellos también permanecer íntegros, pero sus barbillas tiemblan, de sus ojos enrojecidos caen algunas lágrimas. Entre las ramas majestuosas de los enormes árboles que rodean el lugar el sol tímido como nuestras miradas se desliza hasta nosotros, pero hace frío, mucho frío...
Se nos venía encima cada año esta escena y por más que íbamos creciendo la necesidad de abrigarnos el alma no mejoraba, quizás se iba haciendo más intensa. Ese año 1959 llegamos a la Alameda, aún tan niños, con algo nuevo en nuestro "absoluto silencio", esta vez, nuestra profesora era una persona agredida directamente por aquello que veníamos estudiando, parecía que desde siempre, no sólo en historia, geografía, literatura, en todo, en las canciones, los juegos, las anécdotas. No olvidemos que ¡la Segunda Guerra había terminado apenas catorce años antes, y nosotros teníamos diez!. Pero ahora no había ya que imaginar cómo sería en carne y hueso un sobreviviente de alguna de las dos grandes guerras. Ella, Mme Horreaux, era esa persona. Tenía un número indeleble en su brazo que, en días de más calor podíamos ver en su piel muy blanca. Enérgica, agitando al hablar su pelo rubio cobrizo, con voz de fumadora y una mirada que siempre parecía darse cuenta de todo, nos hizo sentir desde el primer día que todo se había tornado muy serio, demasiado para nuestros cortos años. Severa pero justa, cumplía seriamente sus compromisos con nosotros, aprendimos, los más de 35 niños que llegamos a su curso ese marzo que los actos tendrían siempre una consecuencia, buena o mala, dependiendo de nosotros, no de ella. ¡Qué esfuerzo nos significó adaptarnos a su sistema!, pero no cabe duda de que funcionaba en general, y, poco a poco fuimos ganándonos un espacio en su herido corazón, probablemente este país que estaba tan lejos de su Francia acongojada logró, en esa nueva vida, "petit à petit" devolverle la sonrisa, y nosotros, con ella entramos a un mundo en que el trabajo, la exigencia, la excelencia, sólo con refuerzos discretos, pasó a ser "nuestro problema", "ce qu´il fallait faire", sin más explicación. Aprendimos lo que era el respeto "a secas", a conocernos, a querernos, educadora y discípulos, de una manera nueva, más distante pero sabiendo siempre cuáles eran las reglas del juego, qué se podía esperar...
Lo anterior es quizás un antecedente importante en lo que sucedió el año siguiente, ya más afiatado el numeroso curso, es a Mme. Horreaux misma a quién haya quizás que agradecer en buena parte lo permeables que llegamos ese increíble año 1960 que, además de la violencia sísmica, nos enfrentaría a un educador que se supo ganar con ternura a cada uno de estos mismos anciens élèves que estamos aquí hoy...

11 comentarios:

  1. Un poema que es un dulce canto a la tierra aprendido ese año: "L´Automne" de Émile Verhaeren./ Sur l´épaule de l´humide matin,/ la brume a doucement pausé ses longs vêtements blancs/...

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  2. Es cierto que Mme. Horreaux nos parecía muy severa, e infundía respeto con autoridad. La influencia que pueda haber tenido la guerra en nuestros profesores franceses es algo que, de un modo u otro, llegó a nosotros, aunque ellos en general fueron cautos para referirse a su traumática experiencia.

    Del poema de Émile Verhaeren no me acordaba, así es que lo he rescatado de Internet:

    Sur l'épaule de l'humide matin, la brume
    A doucement posé ses longs vêtements blancs.
    De ci, de là, les toits et les chaumes s'exhument,
    La brume est molle et claire, et le soleil est lent.

    L'air immobile attend on ne sait quoi de l'heure,
    Tout pas semble dormir, tout vol semble fermé.
    Point de ruisseau qui fuit, point de source qui pleure,
    Ce qui croissait est mort, après avoir germé.

    L'automne règne: aucun arbre ne se balance
    Au long des prés, des bois et des chemins seulets,
    L'heure est de pourpre et d'or, et répand en silence
    Un feuillage jauni sur les champs violets.

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  3. ME ACUERDO MUY BIEN DE MME. HORREAUXPORQUE EN MI CASA SE ME ENSEÑO EL GRAN RESPETO QUE MERECIAN LAS PERSONAS QUE FUERON MARCADAS DURANTE LA GUERRA.ERA EN PRINCIPIO DISTANTE PERO CON EL TIEMPO SE ENTREGO DENTRO DE LO QUE ELLA PODIA.DEBE HABER SUFRIDO MUCHO Y ESO MARCO SU MANERA DE SER.RECUERDO ALGUNAS COVERSACIONES QUE LE ESCUCHE HABLANDO CON MI MAMA.SU VIDA DEBE HABER SIDO MUY DURA.SUSY

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  5. Esos versos tan calmos, casi lánguidos me parecieron siempre hermosos, tan armónicos con lo que puede ser para un niño el otoño. Una hermosa manera de nuestra maestra de 4º de transmitirnos que la vida seguía siendo bella, pese a todo.
    Hubo otro que también permanece, de ese año también me parece, como un favorito, de esos que suenan tan bien murmurados al oído infantil antes de irse a dormir. ¿Título y autor?, ¿carlos o miguel lo sabrán?...shuuut, es la noche, dice así:
    " Écoute ronronner les maisons le long du chemin noir/
    comme des chats heureux dont la place est bien chaude,/
    écoute-les à l´heure où le loup triste rôde/
    appeler les passants attardés dans le soir./
    Venez-vous? Nous avons ramassé pour le soir,/
    patiemment, tous les bonheurs de la journée,/
    le feu danse, nous avons chaud, le souper cuît/
    et ses grasses ôdeurs alentour se répandent./
    La chaleur s´est niché au fond des vieux chaussons/
    qui, tour à tour, sur le bord du feu vous attendent./
    Hâtez-vous, pères, mères, enfants, filles, garçons/
    rassemblez-vous au lieu le plus doux de la terre/
    car nous vous attendons, hâte-toi solitaire,
    car ton petit charbon depuis la fin du jour/
    s´épuise sous la cendre à guetter ton retour.

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  6. miguel ha enviado lo siguiente:
    "Era todo un acontecimiento formarse para salir a la calle cuando se trataba de conmemorar el día del soldado desconocido. Hasta que me tocó ir por primera vez yo estaba convencido de que se trataba de un monumento a los bomberos; el casco de la clase “Adrian” que allí se exhibía y que fue usado por los “poilus” en la línea Maginot era muy parecido a los que utilizaban por acá algunos caballeros del fuego.

    En cuanto me di cuenta de mi error, miré con nuevos ojos aquel monumento. Había comenzado a interpretarme y si jamás iba a llegar a ser bombero, por lo menos estaba espiritual y físicamente cercano a aquellos soldados franceses cuyos nombres aparecían registrados en un libro de bronce. Mi inquieta mente de niño me hacía preguntarme: “Si ahí están escritos los nombres, entonces ¿Porqué son soldados desconocidos?”
    Ante cada invocación… dos respuestas diferentes a todo pulmón: “Mort pour la France” o “Mort au champ d´honneur”. Debe haber habido allí alguna sutil distinción que hasta ahora no he sido capaz de captar. Porque no creo que se haya tratado de una respuesta aleatoria. Tal vez sería conveniente preguntarle a monsieur Gaillard."

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  7. miguel escribe:
    "Esa marcha silenciosa hacia el Parque Ecuador no lo hacíamos a paso regular sino caminando pausadamente. El desfile que sí era al ritmo del bombo era el que nos convocaba los veintiuno de mayo en Talcahuano. Izquierrr..doos, tres, cuatro. Lo preparábamos con anticipación en el patio del colegio bajo la severa mirada del Sargento Mayor Sirinio que corregía imperfecciones a pellizco limpio. Dada mi reducida estatura y escaso porte marcial, me tocaba en las filas de atrás. Al frente, portando estandartes: Edgardo Giubergia y la María Teresa Valle (que se pronunciaba “vale”).

    En cierta ocasión, en la fase de entrenamiento, le correspondió a Ramón Inostroza (alias Tolomiro) - por ausencia del titular - el rol de tambor mayor. Si jamás había obedecido órdenes de nuestro Inspector General, aquel día decidió que era hora finalmente de hacerlo. ¡Conversión a la derée… de frente marrr!, ordenó el sub oficial Saavedra Sandoval. Lo malo es que a la derecha del contingente se encontraba precisamente él mismo. El escuadrón giró galvanizado por la orden y siguió marchando inmutable detrás del Tolomiro. El pobre don Sirinio se dio cuenta de que iba a ser arrollado y comenzó a retroceder mientras gritaba ¡Paren, paren! Pero esa no era una orden militar, de manera que la formación no se detuvo. Hasta que llegó el instante en que nuestro instructor no pudo retroceder más porque ya tenía la espalda apoyada contra la muralla. Tolomiro y él estaban a punto de pegarse un cabezazo. En un postrer momento de lucidez el pobre entrenador dio con las palabras adecuadas, “¡Aaaaltooo!”. La masa se detuvo en seco. Acto seguido tuvo que retroceder un poco para que don Sirinio pudiera zafarse. “Eso es todo por hoy” dijo con un hilo de voz pero muy dignamente."

    Vaya que nos tomábamos las cosas en serio.

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  8. La última frase es de miguel también aunque fuera de las comillas.

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  9. Acerca de los nombres que están en el monumento del Parque Ecuador, alguien me dijo alguna vez que se trataba de franceses o descendientes de franceses que vivían en Chile, y que sintiendo el llamado de la Patria habían ido a enrolarse en el ejército francés en la Primera Guerra Mundial por allá por 1914, encontrando la muerte.

    Miguel se refiere a los cascos franceses de la línea Maginot, pero lo que yo recuerdo es que monsieur Gaillard alguna vez nos comentó que los cascos del ejército chileno eran muy similares a los alemanes, y que cuando él recién llegó a Chile, le provocaba tensión ver los cascos de los militares chilenos.

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  10. El livre d`or du collège consigna que los directores de nuestro paso por esas aulas fueron: Henri Baus (1950-1955); Jacques Ravel (1955-1961); Roger Dersy (1961-1966); Rémy Airaudi (1966-1971). Por lo tanto Carlitos Humberto tiene toda la razón: la insignia y la corbata azul grana se implantaron en la época de Mr. Dersy.

    En cuanto a los cascos recuerdo lo que menciona Carlos: Mr. Gaillard nos contó que la primera vez que vio desfilar al regimiento Guías, le dio un poco de “chusto” porque utilizaban el mismo uniforme que los alemanes. También nos decía nuestro venerable profe que le había llamado la atención que, al final de la guerra, cuando fue la liberación de Paris, los soldados franceses regresaban ataviados con cascos norteamericanos. La Pauline le preguntó cómo eran esos cascos norteamericanos y Mr. Gaillard dibujó en la pizarra ¡el casco francés! El mismo que se encuentra esculpido en el monumento al soldado desconocido, inconfundible por su cimera y por la granada en relieve que tenía en la parte frontal (por eso es que a mí me parecía un casco de bombero). Parece que ahí tenía una pequeña confusión nuestro maître. Y nos confundió también a nosotros.

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  11. ¡Y cómo no les iba a dar susto! a Mr. Gaillard y muchas otras personas, imagínate, aquí en lo que en ese tiempo era como en otro extremo del mundo, ¡una verdadera pesadilla! ¡

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