Calle Colo Colo. Aquí si que la puerta era grande. Era el lugar más impresionante que había conocido hasta entonces. Me acordé de este establecimiento cuando vi la película La Sociedad de los Poetas Muertos. (Y con las de Harry Potter también). Entre nuestras asustadas conversaciones de recreo circulaba la especie de que don Sirinio tenía una cámara secreta de torturas. Como éramos muy chicos no podíamos apelar a la Convención de Ginebra y los derechos humanos todavía no se habían inventado, por lo menos que supiéramos. A veces alguien tenía la suerte de ver a Mr. Dumbledore, perdón, a Mr. Ravel hacer una fugaz aparición por la escala de madera que tenía un reloj enorme. Me da la impresión de que una de las ventanas del primer piso (que aparecen en la foto) era de la sala de clases comandada por monsieur Espinozá. Chita que me costó volver a pronunciar las "r" en francés después de haber tenido clases con él.lunes, 30 de noviembre de 2009
Le college des plus grands
Calle Colo Colo. Aquí si que la puerta era grande. Era el lugar más impresionante que había conocido hasta entonces. Me acordé de este establecimiento cuando vi la película La Sociedad de los Poetas Muertos. (Y con las de Harry Potter también). Entre nuestras asustadas conversaciones de recreo circulaba la especie de que don Sirinio tenía una cámara secreta de torturas. Como éramos muy chicos no podíamos apelar a la Convención de Ginebra y los derechos humanos todavía no se habían inventado, por lo menos que supiéramos. A veces alguien tenía la suerte de ver a Mr. Dumbledore, perdón, a Mr. Ravel hacer una fugaz aparición por la escala de madera que tenía un reloj enorme. Me da la impresión de que una de las ventanas del primer piso (que aparecen en la foto) era de la sala de clases comandada por monsieur Espinozá. Chita que me costó volver a pronunciar las "r" en francés después de haber tenido clases con él.
La verja no era excesivamente alta. Sin embargo cada vez que entrábamos por esa puerta y levantábamos la mirada nos parecía que los capiteles alcanzaban a tocar las nubes. A veces, antes de trasponerla, teníamos la suerte de distraernos mirando el carretón de la panadería que estaba estacionado cerca; incluso había, de cuando en cuando, una carreta llena de manzanas de Hualqui. Después de eso la vida sufría un cambio fuerte; en el pequeño hall interior se reunía una bulliciosa masa de niñitos y niñitas esperando formarse para entrar a clases, con la secreta expectativa de ganarse un bon point. Ahí mismo comenzaban las exigencias bajo la severa mirada de profesoras que hablaban un idioma que no era el de nuestras mamás. En ese entonces no se usaba la palabra "switch" pero era evidente que nos cambiaban el switch. A la hora del recreo volvíamos a reunirnos con nuestros progenitores, en el plano virtual (expresión que tampoco existía) cuando desenvolvíamos la colación (otra palabra que no existía) y la sacábamos de la lunchera (otra palabrita...). Poco queda ya de esos tiempos en que la pediculosis era de frentón tener liendres, al déficit atencional se le llamaba pidulle, las chaucheras todavía no se convertían en choritos, los dulces eran pastillas, se jugaba a andar en acha y no al apa y uno no se ruborizaba sino que se acholaba.Estoy convencido de que si volviera a encontrarme con ese mocoso de entonces, le costaría más entender mi dioma que el de madame. Seguramente y pese a todo, preferiría entrar corriendo a clases.
Carta del tarro con más duraznos
La Policía Secreta

¿Se acuerdan de esa terrorífica serie llamada "Los Angeles de Sata"?
Bueno, aquí se las presento en pleno. El Agente en Jefe hacía gala de sus iniciales SSS, que, para algunos era "Su Seguro Servidor" porque el viejito tenía su lado tierno y era bien paleteado cuando las circunstancias lo ameritaban. Para otros significaba "Servicio Secreto Satánico" por su métodos nada ortodoxos de represión como, por ejemplo, vestir de niñitas a los niños díscolos y exhibirlos en el patio a la hora del recreo.
Sus sofisticadas agentes femeninas eran el brazo armado de la Ley Sirínea, ley que nos gobernó durante nuestra prolongada concentración en los barracones del colegio.
martes, 24 de noviembre de 2009
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