viernes, 16 de enero de 2009
nuestra amiga...
A fines de octubre, cuando su jardín ya gritaba la primavera, nuestra querida compañera-amiga, Adriana partió. Su vuelo nos dejó a todos nosotros, su curso, como a tantos otros, trémulos y adoloridos, nos juntamos entonces a fines de noviembre en su casa, con su familia, en su jardín, adormecido pese a su exuberancia casi estival. Nuestro encuentro se llamó "recordando a adriana", desde entonces, amiga, no han descansado ni los correos ni los teléfonos, hemos empezado a balbucear, musitar, nos hemos encontrado de a dos, de a tres pero mucho escriben que quieren juntarse de nuevo, verse, lanzar sobre una mesa los recuerdos, reirnos, evocar aquellas tardes en que pese a la lluvia intensa insistíamos en salir al patio, cuando escribíamos aplicadamente con nuestros "lapiceros de palo" (¿tienen alguno uds?) o recordar las bromas, a los siempre castigados, a los que se cambiaron de colegio y no volvimos a ver, a los que se han ido lejos, algunos sin retorno. Bueno, he aquí nuestro lugar de reunión permanente, palabra un poco mágica en la inestabilidad de la vida, nuestra "sede", digamos, donde podemos venir, entrar y salir, traer cosas, en fin, "nuestro petit collège" porque quizás necesitamos eso ahora , y...sin que nos molesten, libremente, por ahora es así, pero entre todos hagámoslo cálido, grato, cariñoso, al estilo que sea "nuestro", sería lindo. Amiga adriana estarás por supuesto entre nosotros, riendo, coversando, al fin y al cabo eres quién gestó este reencuentro, sin duda. La pregunta obvia entonces de cómo partió este curso la contestará la primera foto que llega a nuetra sede. ¿ Qué hacemos con ella?
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Paulina:
ResponderEliminarQuiero darte las gracias por haber creado este espacio. Así como tú has dispuesto una casa en la que todos podamos reunirnos y ser acogidos, así también nuestra recordada Adriana se encuentra afanada preparando las habitaciones en las que podrá recibir a sus amigos de siempre al calor de una entretenida charla, llena de recuerdos, con el fondo de la música de los Beatles y de los chansonniers de nuestra querida segunda patria . Monsieur Gaillard decía que "celui qui parle deux langues c´est qu´il a deux âmes". Nuestra querida amiga es ahora el nexo entre dos mundos y nos hace más sentido eso de tener dos almas. Un alma para recordarla y la otra plena de la esperanza de seguirla y encontrarla al final del camino.
Gracias, de todo corazón
¡Que maravilla el don que tienen Paulina y Miguel! Son muy pocas las personas que pueden escribir tan lindo como ustedes lo hacen interpretando sentimientos y emociones que, creo, todos tenemos.
ResponderEliminarEstoy muy contenta por estar todos comunicados de esta forma gracias a ti Paulina y a nuestra querida Adriana que te inspiró.
Cariños a todos.
Debe haber sido cerca del mediodía. Brillaba el sol alumbrando el bullicioso deambular de estudiantes en el sector del foro; la década de los sesenta se encontraba próxima al cambio de folio.
ResponderEliminarEse fue el día en que, por primera vez vi a Fernando y a la Adriana juntos. Venían caminando sin prisas y en silencio con sus libros y cuadernos en una mano. De vez en cuando giraban la cabeza y sus miradas se encontraban.
Se notaba que hacía muy poco - a lo mejor solamente unas horas - que habían comenzado ese romance que duraría toda la vida.
Reflejaban aún en sus miradas ese particular azoramiento producido por la falta de costumbre de tener los dedos de otra mano entrelazados con los propios y debe haber sido por ello que respondieron con cierta timidez a mi saludo, cuando nos cruzamos. ¿Sabrían ellos que en ese instante iniciaban la aventura del espíritu que los llevaría a planear una existencia en común, a compartir de ahí en más cada segundo del calendario que Dios nos entrega, a echar las simientes de una familia maravillosa?
¿Sabrían también que cada momento de su felicidad así como los de de tristeza encontrarían una réplica equivalente en el corazón de aquellos que los quisimos y que los queremos tanto?
¿Sabrían entonces que el inmenso cariño que sentimos por ella incorporaría a Fernando en nuestros registros como un hermano más?
Era el tiempo de la revolución de las flores, del despertar hacia un mundo lleno de colores nuevos, teníamos el futuro en nuestras manos.
Los jóvenes de entonces éramos diferentes. Nos tomaba un poco más de tiempo darnos cuenta de las cosas, pero valorábamos el amor y la amistad como el más preciado de los tesoros.
Y no era que dispénsaramos nuestros afectos a granel. Algo muy profundo debía existir en ese vínculo que conservamos hasta el día de hoy y que hace realidad el aforismo campesino que dice: "El corazón es un perro que cualquier mano no lame".
Si. Recuerdo perfectamente que era un mediodía soleado, allá por los setenta, cuando ví que los pocos pasos que había entre la escuela y el foro eran los primeros que Fernando y la Adriana habían comenzado a caminar juntos.
miguel, sólo esto: ¡te pasaste!
ResponderEliminarMe hen alegrado mucho vuestros comentarios, qué gran idea de crear este espacio, Paulina!
ResponderEliminarQueridos amigos:
ResponderEliminarNuevamenente te felicito por esta idea, Paulina.
También a nuestra querida Adriana le agradezco que,con su dolorosa partida, ha logrado reunirnos una vez más.
Las palabras de Paulina y las de Miguel me han tocado y reconfortado a la vez. He pensado mucho en ti querida Adriana, sintiendo de todo corazón no haber podido estar más cerca y haberte podido acompanar un poquito en tus últimos pasos por estos lados.
Imaginarme ahora, como dice Miguel, que estás afanada pintando y arreglando las habitaciones de tu nueva morada para recibirnos el día de mañana es un hermoso pensamiento que tendré siempre junto a mí. También eso me trae a la memoria las agradables tardes que pasamos en tu dpto de Tucapel charlando, compartiendo penas y alegrías y discutiendo sobre nuestros "grandes" problemas de juventud. Roberto nos acompañaba muchas veces y nos entretenía con su guitarra y tu Mami, siempre excelente anfitriona, nos atendía de maravillas. Fui muy privilegiada de tenerte como amiga.
También me siento feliz de reencontrarme y poder compartir con todos Uds..
Paulina y Miguel, sigan escribiendo que es una delicia leer vuestros comentarios!
Cariños a todos
¡¡¡Que maravilla, que maravilla!!! Miguel escribes bellisimo, casi me saltaron las lágrimas. Es un gran placer leer a estos ex- compañeros, amigos y ademàs hermanos, tan bien dotados culturalmente.
ResponderEliminarSoy Idilia, estoy aún en shock emocional pero tan feliz de haber visto a tantos en una tarde tan especial y haber compartido con gente tan cariñosa, hallé tan lindo eso que decía atilio, el marido de angélica, del cómo estamos haciendo memorias que nos van a servir en el futuro, así como una viejita, contaba él, que cuando se pone triste se pone a hojear sus álbumes de fotos y se alegra.
ResponderEliminarqueridos amigos, ayer, como dice lily-idilia nos juntamos varios para verla a ella y hacer otro "reencuentro66", con lili-lillian, susy, carlos, ceci, angélica y atilio, fernando, lily y yo. ¡¡Fue muy grato y emocionante sentir ese cariño tan fraterno, esa sensación que a lily-idilia, habiendo vivido ya más de 36 años afuera, le resulta tan increíble!!
ResponderEliminarEs curiosa la fuerza de la evocación, en nuestras conversaciones siempre parecen estar presentes todos uds, los que no pueden venir, los que están lejos y por supuesto los que transitan ya por un mundo sin fronteras...
Pasados los primeros días de efervescencia de este blog, y sintiendo que Adriana es quien nos ha convocado, y a quien ha sido dedicada la primera entrada, me siento impelido a alguna evocación.
ResponderEliminarAdriana se incorporó al curso junto a Roberto en el Primer Año de Humanidades en 1961, y creo que ambos le dieron una nueva fisonomía al grupo, pues aportaron desde el primer momento simpatía y magnetismo, y además como hermanos dentro del curso, pasaron a ser el puente de unión entre hombres y mujeres que, en esa edad y en ese tiempo, nos mirábamos pero no nos mezclábamos. Recuerdo que incluso en los recreos nos separaban.
Ahora que Adriana ha partido tan prematuramente, evoco esa mañana de marzo de 1961, en el primer día de clases, ella estaba sentada en la fila que daba a la ventana de donde llegaba el sol, en el segundo piso de ese block que había sobrevivido al terremoto del año anterior. Cuando fue nombrada en la lista, ella se puso de pie, le preguntaron de donde venía, y ella con una sonrisa quizás tímida, y por ello no exenta de rubor, dijo que provenía de Arauco. Por una cuestión personal no olvidé ese momento, porque pensé que mi madre, que también había llegado de la provincia de Arauco a estudiar a Concepción en los años 30 habría debido enfrentar una situación similar en su primer día de clases.
Por lo demás, Adriana a su simpatía agregaba belleza y personalidad. Yo mismo debo reconocer que dentro de lo que era mi natural timidez de niño, me sentía algo cohibido ante su mirada, y, créanme, yo estaba dispuesto a hacer cualquier cosa que ella me pidiera. Hace poco tiempo, cuando nos reunimos en su casa, en su recuerdo, rememoré que la única vez que me sorprendieron, digo mal,la única vez que hice un "torpedo" fue para ella, en una prueba de Ciencias con el profesor Brousse, en segundo humanidades, en que había que rellenar unos espacios en blanco. Yo estaba sentado en el pupitre detrás, y en un momento ella se vuelve y me dice "la número tres"; yo, con máxima ansiedad por la transgresión que iba a cometer, escribí en un papelito: "supraesofágico", lo doblé, y cuando se lo estoy pasando por debajo, aparece Brousse y me dice "páseme eso que tiene ahí". Con tiritón de piernas se lo entregué, él lo leyó y se lo llevó a su escritorio; en todo caso, con buen criterio, no me dijo nada, puesto que el acto de ayuda no se había concretado. De todos modos, ese fue un acto que yo no habría sido capaz de realizar sino porque me lo pedía Adriana.
En los años siguientes, recuerdo a Adriana en distintas facetas escolares y extraescolares. Compitiendo en salto largo en el Estadio Atlético de Concepción hizo una marca notable para su edad (puede haber sido 4,20 metros, pero no estoy seguro) que fue destacada en la prensa deportiva penquista. Por otra parte, ya en sexto año, la recuerdo en su casa, cuando frecuentemente yo pasaba al departamento de sus papás en Tucapel con Chacabuco a buscar a Roberto para irnos al Colegio. A veces yo entonaba alguna canción que ensayaba Roberto en la guitarra, y hacía unos falsetes que a Adriana le parecían horribles y ella me lo decía a la cara sin ambages.
Aunque fuimos compañeros en la Universidad, en esos sistemas en que uno es compañero en algunos ramos y en otros no, el recuerdo de Adriana que permanece en mí es el del Colegio.
Ahora que ha partido, Adriana sugiere en mí los tiempos mozos; ella sigue teniendo los quince años, y si trato de recordarla me la figuro con el jumper colegial y su mirada inocente que recién despierta de la infancia.
Cuesta aceptar, habiendo conocido toda su vitalidad, que Adriana ya no está. Pero en la medida que mantengamos este lugar de encuentro que ha creado Paulina, sentiremos que su espíritu está presente y nos insufla aliento para que continuemos manteniendo vivos nuestra unión y nuestros recuerdos de niñez.
Y ésta será, por cierto, una manera de que tengamos siempre presente a Adriana en nuestro recuerdo.
Qué emocionante leer lo último escrito por Idilia y Paulina! Realmente los/las felicito a todos por mantener tan vivo el cariño y el contacto. Me imagino como habrás gozado ese reencuentro, Idilia. A Paulina también mi agradecimiento por haber pensado en todos nosotros y enviado el pésame a Jano.
ResponderEliminarIgual de emocionante lo escrito por "Carlitos", que también tiene tan lindos recuerdos de Adriana.